LOS TERREMOTOS (3ª parte)

Óptica Ciudadana

 

Por José Luís Hernández Jiménez

hernandez-jimenez2012@hotmail.com

 

A los caídos por los terremotos y a sus familias  

¿Qué hacer ante los próximos terremotos?

Obvio: prepararnos, capacitarnos y mejorar nuestro entorno. Se dice fácil, pero…

Luego de haber sufrido un montón de temblores, unos más violentos que otros, a lo largo de nuestra historia, es claro que hemos logrado poco para amortiguar sus nocivos efectos.

Para enfrentarlos con relativo éxito, primero hay que comprender que México, en especial su capital, ha estado, está y, por los siglos de los siglos, seguirá estando, en una zona sísmica. O sea, de vez en vez ocurrirán terremotos. Es más, en nuestro país, diario tiembla, 4 veces cada día; Es decir, cada año ocurren en México 16 mil 540 sismos. El 80 por ciento de ellos, se dan en Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán. No pocos en la capital del país. Cierto, la mayoría de ellos de 2, 3 o 4 grados Richter, o sea leves.

¿Por qué? Porque aquel gran y único continente que llegó a haber en nuestro planeta (Pangea), a través de millones de años se “cuarteó”, se hizo pedazos, hasta quedar dividido, en nuestros tiempos, en 6 grandes placas y en varias pequeñas. Dos de aquellas –la del Pacífico y la Norteamericana (en su frontera aparece la conocida Falla de San Andrés)– y dos pequeñas –la de Cocos y la del Caribe– en su permanente choque y movimiento, nos afectan, son los terremotos, pues estamos inmersos en ellos. Y entonces sucede lo que ocurrió el 19 de septiembre pasado (esto lo explican mucho mejor los especialistas).

Si comprendemos lo anterior (aparte estamos en medio de dos Océanos embravecidos por vientos huracanados y conviviendo siempre con 16 volcanes muy vivos, eh), podremos tomar medidas efectivas, personales y colectivas, para amortiguar los efectos de esos movimientos y otros fenómenos naturales, muchas veces devastadores.

Como sociedad, e individualmente con nuestro granito de arena, hemos aportado a hacer más compleja nuestra circunstancia geográfica, cometiendo errores, que nos dejan casi inermes ante los fenómenos naturales, llámense lluvias, calores intensos, terremotos y hasta erupciones volcánicas. En conjunto hemos olvidado que debemos vivir en armonía con la naturaleza. Mas bien, la desafiamos y ella pues….

Me refiero a que siendo, original y orográficamente, una cuenca (una especie de taza), casi llena de agua y con todo tipo de flora y fauna habitando en ella, a la hoy Ciudad de México la hemos ido convirtiendo, desde los tiempos de la conquista española, en una selva de concreto, contaminada en muchos sentidos, superpoblada con seres urbanos (porque ya ni nos comportamos como seres humanos), generalmente inconscientes, del polvorín en el que estamos asentados.

Salvo los islotes que originalmente había en lo que se conoció como la Gran Tenochtitlán, hoy convertida, repito, en la muy noble y leal Ciudad de México, en el resto, o sea, en el agua, haciendo mil trampas urbanísticas, se construyó la Ciudad. Es como haberla construido en una especie de gelatina. Es decir, en suelo blando.

A la fecha, somos una calamidad, porque no aprendemos. Véase si no:

Con o sin permisos oficiales, se siguen construyendo edificaciones a diestra y siniestra, y cada vez más altas. En lugar de frenar el crecimiento de la selva de concreto, se alienta y hasta con perversidad dicho crecimiento; ahí está el llamado “Bando No. 2”, una especie de decreto de un gobernante capitalino (2006-2010), que sirvió para prohibir la construcción de edificios en una zona de la ciudad, pero para fomentar dicha construcción en otras zonas, “para tener votos”. Precisamente en estas últimas, es en donde también se cayeron inmuebles.

Urge revertir el crecimiento desorbitado de la CDMX, y volver hacia la edificación de una ciudad lacustre. La de México podría ser como muchas ciudades europeas, que son atravesadas por grandes ríos, limpios y navegables. O para que no digan que pido mucho: Bien nos convendría a los capitalinos construir un Acuaferico, como siguiendo al actual Periférico. Eso resolvería muchos problemas del presente y del futuro: la contaminación, la falta de agua potable entubada en muchas zonas de la capital, la falta de áreas verdes, el infernal tráfico vehicular y el riesgo de que se derrumben más edificios y hasta el crecimiento de las enfermedades entre los capitalinos.

De poco sirven simulacros y alertas sísmicas, cuando casi nadie los toma en serio, ni Reglamentos de Construcción, supuestamente más estrictos, si no se respetan.

Y urge algo elemental: crear en el sistema educativo nacional –desde la pre Primaria hasta la Educación Superior– una materia que sirva para que alumnos y profesores (y de paso trabajadores administrativos y padres de familia), sepan qué hacer en caso de riesgos naturales. Una materia nueva (así como hay Educación Artística, Educación Física, Educación Cívica) que podría denominarse “Educación sobre Riesgos naturales”, que incluya tanto el aprendizaje de Primeros Auxilios, Técnicas de Control de las Emociones, para aprender cómo conservar la calma en casos riesgosos, la necesidad de No construir inmuebles en áreas en donde se hayan caído edificios, la conveniencia de tener asegurados todos nuestras casas habitación (hoy solo el 8 por ciento de los inmuebles están asegurados) y, por supuesto, Simulacros de a deberás. Así, desde niños todos creceríamos con una Cultura de Protección Civil y de Solidaridad real y organizada.

Necesitamos comprender el mensaje que la naturaleza nos da con sus fenómenos. Es como si, ¡harta de todos nosotros, por el daño que le hemos hecho! nos estuviera gritando: “¡Ya, sáquense de aquí ¡“. O ¿qué opinan mis cuatro o cinco lectores?

Notitas: Una.- Que si le echaron un ojo a The Washington Times, vocero de la derecha gringa del 4 de octubre pasado, se dieron cuenta que dice que “el Donald Trump mexicano se llama AMLO”. ¡Qué gringos tan insidiosos! Dos.- Que la parte más fea de la discusión oficial sobre la permanencia o no del TLC, es que el total del valor agregado nacional de los productos comerciados en dicho Tratado, bajó del 59 % en 1993, ¡al 37 % en 2016! La parte bonita es que los negociadores de Canadá insisten en que los salarios de los tres países (Canadá, EU y México) sean similares. Pero los que no están de acuerdo son ¡los negociadores mexicanos! ¡Si serán…! Tres.- Que estoy de acuerdo: el problema más grave del país no es la corrupción como algunos repiten como cantaleta. El problema más grave que tenemos es la injusta distribución de la riqueza, ya que solo el 20 % de los mexicanos (24 millones) posee el 52 % de la riqueza nacional, mientras que el 80 % (96 millones) se queda con el 48 % de dicha riqueza. O, como elegantemente dice el CONEVAL: el 20 % de los mexicanos (24 millones) es “No pobre y No vulnerable”; mientras que el 46 % de nuestros compatriotas (56 millones) padece “pobreza extrema y pobreza de carencias”. El resto está menos amolado. Cuatro.- Que en el informe reciente del INMujeres dice que “las entidades más violentas contra las mujeres son: CDMX, Edo Mex, Jalisco, y Aguascalientes”. Y que las entidades en que sus parejas son más violentas en contra de sus mujeres son, igual en orden de gravedad: EdoMex, CDMX, Aguascalientes y Jalisco. ¡Ash! Cinco.– Que en el dictamen hecho luego de los sismos de septiembre pasado, sobre la situación de la Catedral Metropolitana, dice que quedó tan debilitada que se puede caer con otro temblor fuerte y quedar más dañada, ¡hasta con las manifestaciones políticas que se realicen sobre la plancha del zócalo! Seis.- Que de los 58 suspirantes independientes por la Presidencia de la República, registrados ante el INE, dos son mujeres. Menos mal. ¿Por quién votar? ¿Margarita o Marychuy? Siete.- Que un buen libro para leer y releer (aparte del mío, “Cuando correteábamos utopías”) es “Diálogos de Platón” (¿o de Sócrates?) Ocho.- Que del 26 al 29 de octubre, me voy a mi tortura china anual. O sea, a entrenar con mi SiFu (Gran Maestro), Shi Yang Min, ex Jefe de entrenadores de los Monjes del Templo Shaolín de China. ¿Gustan? Nada más son 96 horas de práctica (casi ininterrupidas) de Kung Fu. Si gustan les doy más información sobre los requisitos para acudir. Y mientras, no olviden ejercitarse diario, eh. Nueve.– Que a las personas que me desearon lo mejor por mi reciente cumpleaños (el 9 de octubre), lo que consolida mi situación ¡ash! de anciano decrépito de la cuarta edad, o sea, a mis cuatro o cinco lectores, como no les tocó pastel, dígoles: Tank you (ingles), Spasiva (ruso), Mercie (francés), Danke (alemán), Obrigado (portugués), Kansha (japonés), Xié Xié (chino), Toda (hebreo), Shukran (árabe), Dhanyavaad (indú), Dankie (afrikaner), Lavala (bosnio), Kaytzutinpate (birmano), Grazie (italiano), Eucharisties (griego), Yusulpayki (quechua), Jachnibóolal (maya), Tlaso Jkamati (nahuatl), Natérarabá (rarámuri), Cucarú (zapoteco) y Gracias (español)

Share Button

You may also like...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *