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  • El nuevo Aeropuerto, costoso y en beneficio de una minoría enriquecida

  • Convivirá en el mismo espacio la opulencia junto a la extrema pobreza

Mario García Sordo
garciasordo@yahoo.com

 
El principal anuncio del Segundo Informe del Presidente Enrique Peña Nieto, en materia de infraestructura ha sido, sin duda, el inusitado proyecto de construir un nuevo aeropuerto metropolitano, considerándolo como la obra más importante que se realizará en la presente administración.

El proyecto total para el nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México tendrá una inversión de 169 mil millones de pesos, de los cuales, 127 mil 400 millones serán para la infraestructura aeroportuaria, es decir, la terminal, torre de control, pistas e instalaciones auxiliares.

Se trata de una magna obra cuyos principales beneficiaron serán los usuarios del exclusivo transporte aéreo, pues la nueva terminal tendrá capacidad para el paso de 120 millones de pasajeros al año y tendrá seis pistas de aterrizaje. Ocupará 555 mil metros cuadrados, con lo que será uno de los más grandes del mundo.

De esta forma se dará solución al añejo problema que representa la actual terminal aérea, sobresaturada, de alto riesgo por encontrarse en una zona densamente poblada y que contribuye a la contaminación ambiental por las emisiones de turbosina y ruido excesivo, que deteriora la vida de los capitalinos y cuyo único beneficio es la derrama económica que generan los millones de usuarios de altos ingresos que tienen la capacidad de utilizarla.

Resulta significativo que la principal obra de este sexenio sea destinada a la clase más pudiente. Nos revela las prioridades de este gobierno y también su voluntad de hacer obras colosales para que los estratos sociales más enriquecidos sean atendidos en sus necesidades de transporte.

Tan sólo la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), calculó que para el diseño, ingeniería y gestión del proyecto serán necesarios 20 mil 500 millones de pesos, gasto que bien se merecen las compañías aéreas, en su mayoría trasnacionales, que harán uso de esta moderna infraestructura.

Según las versiones oficiales los vecinos del nuevo aeropuerto serán más de 4 millones de personas, por lo que el gobierno federal prevé acciones de regulación, rediseño urbano y reordenamiento de la zona. Es decir, ahora se hará las obras necesarias para beneficio de la élite, pero los que ahora viven alrededor, tendrán que estar felices porque soportarán todas las obras inherentes a semejante acción gubernamental.

Alrededor del nuevo aeropuerto se construirán espacios públicos, para investigaciones ambientales y nuevos parques, lo que muestra medianamente algunas acciones de mitigación ante la agresiva operación que representa la industria aérea, que seguirá contaminando el Valle de México, por lo menos en un horizonte que va más allá de la mitad del Siglo XXI.

Aunque el proyecto también incluye obras para mejorar la movilidad desde y hacia el aeropuerto, tanto del Distrito Federal a la zona, como de las zonas colindantes del Estado de México, lo cierto es que esa parte de la región metropolitana se caracteriza por su insuficiente infraestructura, la sobresaturación y desorden sin igual del transporte público y privado. Indudablemente el nuevo aeropuerto ahorcará a un más la caótica movilidad de esa región de la ciudad.

Las obras viales incluidas en el proyecto suman 190.4 kilómetros, y entre ellas destacan la vía perimetral de acceso al nuevo aeropuerto, la conexión del mismo con el Circuito Exterior Mexiquense y la "Mejora de 12 intersecciones en la ciudad de México para solucionar cuellos de botella en las vialidades de acceso al nuevo aeropuerto, pero reitero, parecen insuficientes.

Quizá uno de los aspectos más rescatables del nuevo proyecto es que tendrá un sistema de ventilado que servirá para mantener la temperatura del lugar sólo usando aire exterior y que será certificado por el sistema LEED  (Leadership in Energy and Environmental Design) en la categoría ‘Platinum’, el grado más alto de sustentabilidad que otorga el Concilio de Construcción Verde de Estados Unidos. Por lo que sería el único aeropuerto en el mundo con certificado LEED Platinum.

Sin embargo, mis principales dudas surgen, sobre su impacto ambiental a largo plazo, en la zona lacustre del Valle de México, refugio de las aves migratorias del continente y principalmente de su zona norte, en donde los pelicanos y garzas todavía llegan en su largas travesías, por su cercanía con el lago Nabor Carillo y de lo que ha sido uno de los principales proyectos de recuperación ambiental en lo que era el lago de Texcoco, donde se cosechaba la espirulina, alga de alto contenido proteico y que fuera uno de los alimentos más nutritivos de los antiguos mexicas.

La insistencia de construir esta faraónica obra en el vaso del lago de Texcoco va implicar un alto costo pues tan sólo en  obras hidráulicas, como lagunas, túneles y canales, se destinarán 16 mil 400 millones de pesos y para obras sociales cuatro mil 700 millones de pesos.

Así, el capital para la obra de infraestructura de la presente administración estará dividida en 98 mil millones de pesos provenientes del Presupuesto de Egresos de la Federación y 71 mil millones de pesos de créditos bancarios, emisiones de bonos, entre otros. Se justifica semejante inversión pública por el potencial de captar más turismo y mejorar el manejo de carga aérea internacional.

Este enclave del primer mundo que se construirá en el norte metropolitano estará rodeado por los cinturones de miseria y marginación que caracterizan a esta parte de la ciudad. Convivirán en el mismo espacio urbano los privilegiados del país, junto con los más miserables que sobreviven en la marginalidad, reforzando así nuestros contrastes, inequidades e injusticias.

Falta saber qué hará los que resultarán perjudicados por la obra más importante del gobierno federal, que indudablemente ni siquiera imaginan como cambiarán su vida con el nuevo aeropuerto, lo cual al parecer no es factor a considerar por parte de los impulsores del proyecto, mientras que contratistas, empresarios y funcionarios se preparan para que esta obra se convierta en un estupendo negocio del que obtendrán jugosas utilidades.

Con ello, el nuevo aeropuerto será uno de los tres mayores proyectos de infraestructura aeroportuaria a nivel mundial, sólo por debajo de la terminal de Britania en Reino Unido, que recibe 172 millones de pasajeros al año, seguido por el de Estambul, con 150 millones de pasajeros.

El Presidente Peña Nieto, igual que Vicente Fox, está apostando en una obra aeroportuaria su principal legado sexenal, sólo que a diferencia del guanajuatense, ahora primero se aseguró contar con los 555 mil metros cuadrados que comprende la nueva obra, para evitar que los machetes de Atenco y las protestas sociales acaben con sus intenciones.


 
 

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