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Hillary Clinton, la mejor opción para México

  • A Hillary, “ni todo el amor, ni todo el dinero”. Primero hay que limpiar la casa

Por Luis Repper Jaramillo*

 
Dice un refrán popular “pobre México tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, pero ni modo, así es y con él debemos lidiar.

El Tío Sam está a punto de terminar el periodo gubernamental de Barak Obama, a partir de enero próximo asumirá el control de la Casa Blanca (la de Washington, la buena, no la de las Lomas de Chapultepec) un nuevo líder mundial, que esperemos sea la primera mujer en ceñirse la responsabilidad, Hillary Clintón, ex primera dama, Senadora con licencia y mujer de gran carácter que supo asimilar y supera el affaire de su marido Bill con su becaria.

Si Hilaria supo sortear un daño familiar, seguro resolverá el reto electoral de derrotar al misógino y xenófobo candidato republicano y enemigo público #1 de México, Donald Trump. Por el momento y tras los tres debates públicos, la Dama lleva una delantera de 14 puntos de aceptación a días, martes 8 de noviembre, cuando los norteamericanos y los inmigrantes con derecho a voto, decidan quien de los 2 será el próximo presidente de Estados Unidos.

En México, la mayoría inteligente, confiamos en que triunfe Hillary, pese a que tiene cierta inconformidad con el gobierno de Enrique Peña Nieto, por la deferencia que le prodigó al invitarlo al país y a la residencia oficial de Los Pinos, en calidad de huésped distinguido. Si no fue así, así pareció, lo que molestó a la demócrata, rechazando una invitación que el propio Peño, hizo después. Pero este no es el asunto. Pero cuenta mucho

¿Qué esperamos los mexicanos, no el gobierno, la gente de a pié, del potencial triunfo de la señora Clinton?, Bueno, al menos no cosas tan malas como si llegara Trump, porque su visión es más humanitaria, sensible y conciliadora, tal vez tolerante.

Supondría mantener relaciones comerciales intactas con México, un intento por eliminar problemas migratorios mediante la inclusión y legalización de la estancia de connacionales que tengan documentos legales, eliminar la feroz persecución de “la migra” y evitar la colocación de un muro en la franja común, como es el reto y necedad del republicano Trump.

Ha prometido aprobar una nueva ley de “Reforma Inmigratoria Integral”, que al ver la enorme cantidad de ilegales –muchos de ellos con familia y varios años de residencia- buscará reconocer que contribuyen a la economía de su país.

También promoverá una iniciativa para mantener juntas a las familias de inmigrantes e integrar a millones como trabajadores formales.

Desde luego, dejen les digo, Hillary no es “hermana de la caridad”, no hay amistad, sólo intereses económicos, estratégicos, políticos, humanitarios y geopolíticos, porque al fin y al cabo desea mantener –con otro nombre- a México como el traspatio de su país, pues le conviene a sus agricultores, maquiladores, millonarios, comerciantes, seguir con mano de obra barata y maniobrable que representan los mexicanos que llegan por el “sueño americano”

En su agenda electoral y gubernamental, Hillary tiene con letras rojas su preocupación por la violencia en México y que los líderes políticos respeten el Estado de Derecho de la población. Quizá por lo que más pugnará, ya sentada en el Salón Oval, es por la erradicación en México de los cárteles de las drogas y su poderío de corrupción a  gobernantes, como los casos del Chapo Guzmán, de Javier Duarte de Ochoa, de Humberto Moreira, de Tomás Yarrington, y muchos más, que de una u otra manera se convirtieron en cómplices y puente entre los cárteles mexicanos y las bandas de compradores y distribuidores de drogas en Estados Unidos. Este punto de la agenda de Hillary está como prioritario.

El escenario, aparentemente se ve benéfico para México, pero debemos tener los pies en el suelo y no olvidar que nuestra vecindad para ambos es a conveniencia, “ni todo el dinero, ni todo el amor”, diría el clásico. Pero daremos el beneficio de la duda, hasta ver resultados, a la inminente gestión de la señora Hillary Clinton al frente de la Casa Blanca, porque los políticos mexicanos nos han enseñado, que en campañas nos bajan el Sol la Luna y las Estrellas y cuando son gobierno olvidan promesas, aunque las firmen ante Notario Público.

Se vuelven arrogantes, indiferentes, opacos, medrosos y deshonrar la palabra que  mendigaron por un voto.

Por experiencia y tras seguir mediáticamente los procesos norteamericanos, y cuando inquilinos de la casa de Avenida Pensilvania, Distrito de Columbia, en Washington, han cumplido sus ofertas,  la defensa y calidad de vida de sus ciudadanos, demuestran que  están por encima de sus intereses políticos y económicos. De ahí la preocupación de Hillary, en el sentido de sugerir primero al gobierno mexicano erradicar la corrupción de los gobiernos, para entablar a partir de la primera quincena de enero de 2017, una nueva relación de interés y conveniencia mutua.

Seamos razonables, con Hillary Clinton nos iría mejor que con Trump, por las razones expuestas. Ella trae su agenda internacional muy abundante, pero tenemos una ventaja sobre el resto del mundo, nuestra vecindad que por añadidura, conviene a ellos, por la venta del petróleo; porque no somos país beligerante y somos el socio comercial número 1, por la diferencia de paridad peso/dólar.

Para nosotros la unión americana representa la opción número uno en captación de dinero, a través de la remesas que los mexicanos radicados, envían a sus familias. Somos el destino turístico más importante para los pensionados, jubilados y Spring Break. Somos los consumidores número uno de armas de bajo y medio calibre que fabrican y trafican los norteamericanos. Estas ventajas no las despreciará la inminente nueva presidente de Estados Unidos, porque de una u otra manera a ambos conviene.

Volviendo al tema migratorio, bien sabe la señora Clinton que para ellos la presencia de mexicanos legales e ilegales representa una sanación a sus actividades de barbecho, siembra y cosecha de sus frutos y verduras, de empleos – que ni los negros quieren hacer-, en comercio, industria, hogar, maquiladoras, etc. que mantiene a Norteamérica como el país número uno del mundo; de ahí que el reto de regularizar, reconocer y legalizar a más de 5 millones de mexicanos –hoy ilegales- es una muestra fehaciente de que va por el voto latino y mexicano –con este derecho- para consolidar su lucha, de ser la presidenta número 45 del país más poderoso del mundo.

México está en la agenda de la señora, pero existe un detalle fundamental. Enrique Peña Nieto, gobernará dos años a la par con su vecina, de no corregir las deficiencias irrefutables de su administración, serán dos infernales años, no para él, sino para los mexicanos, que somos el receptáculo de los yerros de un gobierno. A Hillary no le temblará la mano para evidenciar el mal gobierno del mexicano. Si éste no se “pone las pilas”, dejará de ser “aliado convierte” y buen socio.  Para ello tiene –de aquí a enero de 2017- limpiar la casa, meter a la cárcel a sus deshonestos colaboradores, hasta entonces podrá ser considerado  “aliado conveniente”.

Si esto no sucede, otro país de centro o Sudamérica –pese a la distancia- se convertirá en “socio a modo” –por cuestión geopolítica- de Washington, por el peligro que les representan Venezuela, Cuba, Nicaragua.

México, o se limpia de la corrupción, de los Cárteles y del lavado de dinero, o será desplazado como “amigouu”  de la Casa Blanca.

 
 
 

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