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Demanda Carlotto la presentación con vida de los normalistas de Ayotzinapa

 
Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, demandó la presentación con vida de los normalistas de Ayotzinapa, al reunirse con padres de los estudiantes desaparecidos e integrantes de la Organización Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia, contra el Olvido y el Silencio (HIJOS).

La demanda de “vivos se los llevaron, vivos los queremos” que esgrimen sin cesar los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos es “justo el reclamo que deben mantener, lo que corresponde a esta etapa”, sostiene la dirigente. “Nosotras enarbolamos por años esa consigna; es una postura política correcta”.

La historia de esta mujer, quien durante 36 años no cesó de buscar a su nieto Guido –o Ignacio Hurban, nombre que le fue dado por sus padres no biológicos— después de la desaparición forzada y asesinato de su hija Laura durante la dictadura militar, infundió una muy necesaria inyección de esperanza, en una reunión privada que sostuvo con dos madres y dos padres del grupo de los 43 estudiantes de la Normal Rural guerrerense.

Su caso, afirmó, es un ejemplo de que cuando se lucha incansablemente hay resultados: “Yo encontré a mi nieto que nació en un campo de concentración, de mi hija Laura. A ella la mataron dos meses después. Lo busqué por todo el mundo y 36 años después lo he encontrado”.

Los padres de los muchachos secuestrados por la policía de Iguala hace ya dos meses la miran con admiración:

“Ella lo que nos dijo es que tengamos fuerza y la vamos a tener; nos contó cómo ya pasó por esto y creo que por eso nos comprende más. Nos pide que no decaigamos y le vamos a hacer caso. No nos vamos a quedar tranquilas”, dice a su vez Hilda Hernández Rivera. Su hijo es el chico tlaxcalteca, César Manuel González, uno de los 43 estudiantes desaparecidos.

Junto con Cristina Bautista, mamá de Benjamín Ascencio, asistieron al encuentro con Estela de Carlotto. Después de hora y media de conversación, de haber gastado varios pañuelos desechables y compartir lágrimas y dolores, ambas salen con los ojos llorosos y la cabeza en alto. “Al principio las mamás no hablábamos, por tanto dolor. Pero ahora empezamos a hablar y no nos vamos a callar. Y al gobierno le decimos: no nos vengan con que nuestros hijos están en fosas cuando lo que nos consta es que no los están buscando”.

Ambas campesinas –Hilda es de Huamantla, Tlaxcala; Cristina de la región de la Montaña, además de migrante durante un tiempo— escucharon de boca de una de sus protagonistas una de las experiencias organizativas más exitosas en la búsqueda de verdad, memoria y justicia por los desaparecidos.

Estela, bien plantada y elegante, con sus 84 años, es uno de los rostros más queridos y reconocidos de ese movimiento. Les contó del nefasto periodo en el que los militares de su país secuestraron y desaparecieron a más de 30 mil personas. De cómo nació su activismo, cuando un puñado de mujeres solas, “con nuestras lágrimas y sin saber qué hacer”, salieron a plantarse semanalmente en la Plaza de Mayo de Buenos Aires. De cómo una sociedad indolente las empezó a llamar “las locas”, por aquellas manifestaciones casi solitarias, con un pañuelo blanco en la cabeza como insignia, en pleno régimen militar

Después del encuentro privado, en la sede del Centro de Derechos Humanos “José Agustín Pro”, se presentaron en conferencia de prensa. Se esperaba también a otra figura de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Tati Almeyda, pero esta se encuentra internada en una clínica, atacada por una enfermedad por la que quizá tenga que pasar al quirófano. Aun así, se mantuvo en agenda la reunión con los padres de Ayotzinapa porque, como dijo la señora Carlotto, “estamos lejos geográficamente pero no en el dolor. Y cuando uno ama, no hay vejez que nos combata”.

Estela de Carlotto hizo un llamado al pueblo mexicano, frente a la coyuntura de Ayotzinapa: “Hagan carne propia esto que está pasando. Si estos crímenes pasan sin trascendencia, hay el peligro de que siga ocurriendo”.

También hizo un exhorto al gobierno, a “este gobierno constitucional, que seguramente prometió en campaña electoral muchas cosas buenas, pero esto que sucedió es una cosa muy mala y es el Estado el que tiene la obligación de esclarecerlo y colaborar al retorno a sus hogares de estos jóvenes cuyos familiares esperan día tras día”.

Subrayó el sinsentido de que crímenes aberrantes como el de la desaparición forzada, que ocurrieron masivamente en América Latina en épocas de dictaduras y golpes de Estado, sigan ocurriendo aun con gobiernos constitucionales. “Quiere decir que esos gobernantes electos con el voto del pueblo no representan bien a sus gobernados y no son capaces de resguardar la seguridad de los ciudadanos”.

Refiere algo de su historia personal: “Hace 40 años era una mujer burguesa que tenía otro proyecto de vida. La sociedad argentina fue pasiva durante décadas. Pero en 1976 sí salimos, porque tuvimos conciencia de que nos estaban tocando lo más sagrado, nuestros hijos”.

“Hoy esa mujer es otra, tiene la certeza de que va a caminar hasta que tenga vida para que esas cosas aberrantes no vuelvan a pasar en cualquier lugar del mundo. Ahora hacemos docencia, permanentemente, en todo el mundo, ahora que todo está globalizado”.

Mario César González, padre de César Manuel González, otro de los jóvenes desaparecidos, cuenta a su vez cómo se vio reflejado en el relato de Carlotto sobre los indiferentes en Argentina, que decían que las víctimas de la represión “algo habrían hecho”. Dice: “Yo era de los indiferentes de lo que pasaba en nuestro país. Ahora que me ha tocado sufrir este dolor impresionante comprendo. Nos necesitamos todos”.


 
 

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