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¿Sabrá el gobierno peñista cohabitar con Donald Trump, ya en la Casa Blanca?

  • México no tiene Plan “B” para solucionar la deportación masiva que se espera

Luis Repper Jaramillo

 
México, su gobierno y los mexicanos estamos shockeados, sorprendidos, ¡alarmados! Pasó lo que menos imaginábamos, porque  creamos una expectativa muy alta y por sentimiento o por ir contra del ogro, el antimexicano número uno, pusimos nuestras esperanzas en Hillary Clinton, para ganar la presidencia de Estados Unidos. Pero la realidad nos dio un golpe en la nariz y despertamos de nuestra ilusión con resaca y mal sabor de boca.

Vana ilusión la nuestra, pues no nos tocaba votar allá, sino confiamos en la simpatía de Obama, el carisma de Hilaria, el mal cálculo de los medios de comunicación norteamericanos y subestimamos la astucia, malevolencia e inteligencia de Donald Trump y su excelente campaña terrestre de odio, xenofobia y nacisismo en contra de los mexicanos, que apostamos por el voto demócrata, latino, negro y mexicano como solución al derrocamiento al magnate neoyorkino. Todos fallamos… y ahora a soportar las consecuencias.

El triunfo de Trump no fue casual, sino causal, por la mala campaña mediática de Hillary, por su pasado en la Secretaría de Estado, por el mal uso de las redes sociales, siendo funcionaria pública y porque al final, miles de votos electorales (delegados) demócratas, suciamente se fueron a las urnas del republicano, porque sólo así se entiende la apabullante derrota de 290 votos electorales contra 228 de la ex primera dama de Estados Unidos, sólo necesitaba 272.

De la sorpresa al miedo, al temor, al horror, de los mexicanos indocumentados o los semi legales, ante las reiteradas amenazas del poderoso magnate inmobiliario de deportar a los mexicanos, de quienes se queden a trabajar “temporalmente” a bloquear las remesas, a levantar el muro  fronterizo y otras lindezas. Nuestros compatriotas están aterrados, desconocen la suerte que les depara una eventual cacería, persecución en territorio norteamericano, que se calcula en 8 millones de connacionales.

Aquí el gobierno de Enrique Peña Nieto no tiene Plan “B”, para cuando devuelvan, entre 3 y 5 millones de indocumentados. ¿En dónde los ubicará para trabajar, pues son el único sustento económico de sus familias?, se convertirá no en crisis, sino lo que sigue, considerando que en el país existen más de 6 millones de desplazados, desempleados. Esto puede detonar en amenaza nacional, pues miles podrían incorporarse como sicarios en la delincuencia organizada, la prostitución, el tráfico de drogas, de personas y trata de blancas… no exagero, ¿en que se van a ocupar?

El Muro fronterizo. No descartemos que Trump se salga con la suya, no es nueva esta amenaza, pues sus antecesores Obama, Clinton y Bush –hijo- ya habían hecho su parte. La decisión del candidato triunfador es levantarlo más y extenderlo, situación que al respecto y cómo única salida Enrique Peña Nieto, le dirigió un Twitter muy cordial que dice “México y Estados Unidos son amigos, socios y aliados que deben seguir colaborando por la competitividad y el desarrollo de América del Norte. Sigamos trabajando juntos en favor de la relación bilateral”

Peña no hizo mención del famoso muro

Para el inquilino de Los Pinos, serán dos años (últimos de su sexenio) de cohabitación con el vecino del norte, pero la relación será harto difícil, porque Trump no es político, ni diplomático, ni estratega comercial; es un exitoso empresario, que seguramente encausará sus baterías al asunto del petróleo, el oro negro, que como magnate de los negocios querrá sacar provecho del socio número 1 del petróleo mexicano, para sus intereses personales. El gabinete energético deberá tener una visión clara de esos dos años que le quedan a este sexenio para no dar más, de lo estrictamente acordado con Estados Unidos.

Dice el refrán popular, “pobre México, tan lejos de Dios, y tan cerca de Estados Unidos”, pues ahora será peor, batallar, soportar y necesariamente negociar con el Presidente más poderoso del mundo, que odia a los mexicanos. De ahora en adelante veremos de qué tamaño es la capacidad del sexenio peñista para cuidar a los mexicanos (ilegales), impedir la colocación del vergonzante muro fronterizo, renegociar –con ventajas para México- el TLC (acuerdo comercial México-Estados Unidos-Canadá), el cierre fronteras para nuestros productos, como ya sucedió, con el atún, el aguacate, las leguminosas, etc.

Trump es un apasionado de las armas. Ojo, ya de por si la mayoría de estos artefactos entran ilegalmente a México, qué será cuando la Asociación Nacional del Rifle, que apoyó a Trump, pretenda inundar –más- nuestro territorio exportando su producto, como cobro de factura a quien patrocinaron su campaña.

Nunca durante las semanas de recorridos electorales, Trump expuso o mencionó sus planes y programas en caso de llegar a la Casa Blanca, por lo que es un misterio cual será su política respecto al tráfico de drogas, de los Cárteles, que de suyo son una industria (ilegal) muy lucrativa para los norteamericanos. PGR, SEDENA y Policía Federal deberán estar alertas para esta invasión de armas.

¿Temas? Todos los de la agenda bilateral habrán de replantearse, porque ante un presidente xenófobo, apolítico, nada diplomático y con una amargura de odio, desprecio e indiferencia por los mexicanos debe modificarse la política externa, comercial y migratoria; con inteligencia, contundencia y capacidad, de lo contrario retomará lo que en las décadas de los 60, 70, 80 y 90’s la filosofía de los presidentes norteamericanos de considerarnos  “el traspatio” de su país.

Ganó Trump, a rumiar nuestro dolor. Hoy queremos ver si México cuenta con un gobierno capaz, al menos inteligente, sólido, que le interesa su población, no sumiso. De entrada le llevamos una ventaja, el nuestro es político, de lo que carece el magnate llegado a la Casa Blanca. Que demuestren PRI y Peña (priista # 1 como dicen aquellos) que 74 años en el poder le han “servido de algo”, pues no es lo mismo solapar gobernantes corruptos, huidizos e impunes –que es su ADN- que cohabitar con un presidente norteamericano intransigente, poderoso, prepotente e impredecible, con quien nunca han tenido que lidiar. ¿Tendrá la capacidad?

 
 
 

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