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La visita papal cimbra al México marginado


 

La visita del Papa Francisco cimbró al México marginado de los pueblos indígenas, que viven la guerra del narcotráfico y sufren la migración, ante la carencia de oportunidades, trabajo y trato digno.

El papa Francisco advirtió contra la explotación en los lugares de trabajo al dirigirse a trabajadores y empresarios en el gimnasio del Colegio de Bachilleres en Ciudad Juárez.

"La mejor inversión es crear oportunidades", dijo el pontífice. "El flujo de capital no puede determinar el flujo y la vida de las personas".

"¿Qué quiere dejar México a sus hijos?", cuestionó a los asistentes. "¿Memoria de explotación, salarios insuficientes, acoso laboral, tráfico y esclavización?".

Asistió al Centro de Readaptación Social (Cereso) número 3, en Ciudad Juárez, donde advirtió que es necesario crear "un sistema de salud social" para evitar que las personas cometan delitos.

"La reinserción no comienza acá en estas paredes, comienza antes, en las calles de la ciudad. La reinserción o rehabilitación, como le llaman, comienza creando un sistema que podríamos llamar de salud social, una sociedad para no enfermar, empezando por no contaminar las relaciones en la barrio, en las escuelas, en las plazas, en todos los centros sociales", dijo el pontífice ante 700 presos.

"La reinserción social comienza insertando a todos los hijos en las escuelas y a todas las familias en el trabajo", así como con espacios públicos, indicó.

Francisco les recordó a los internos que "sufren el dolor de la caída" que deben buscar un sentido a su vida, en lugar de justificar los motivos por los cuales se encuentran en prisión. "Ayuden a frenar el círculo de la violencia y la exclusión", pidió.

El pontífice fue recibido en la ciudad fronteriza por el gobernador de Chihuahua César Duarte, el obispo de la Diócesis de Ciudad Juárez y el secretario de Energía Pedro Joaquín Coldwell, entre otros funcionarios, alrededor de las 10:00 horas (local) antes de iniciar el recorrido de su sexto día de gira por territorio mexicano.

Francisco abandonó la capital del país, donde durmió durante su estancia en el país. Fue despedido por el jefe de gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, y la canciller Claudia Ruiz Massieu en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).

LA VISITA

El líder de la Iglesia católica estuvo en el país seis días, en los que convivió con políticos en actos protocalarios, grupos vulnerables en hospitales y actos públicos, y con los fieles que lo esperaron cada día por la mañana y en la noche afuera de la nunciatura, a quienes pedía "recen por mí".

Francisco, “el papa de los pobres” —como le llamaron en Chiapas— hizo varios llamados a la Iglesia católica mexicana a evitar caer en la resignación, “convertirse en empleados de Dios”.

También pidió a los jóvenes alejarse del crimen organizado como una forma de vida; abrazó a familias mexicanas monoparentales y las divorciadas.

A los políticos en Palacio Nacional, les recordó trabajar para ofrecer "a todos los ciudadanos la oportunidad de ser dignos actores de su propio destino".

LA MOVILIZACION

La visita del Papa Francisco, aparte de movilizar a miles de católicos, se ha convertido en un peregrinar por las zonas marginadas, acosadas por la explotación y el narcotráfico, así como el abuso de poder.

En Morelia, Michoacán, dijo "nunca se dejen pisotear por nadie", como despedida a unos 600 niños de entre nueve y 12 años de edad de las parroquias y escuelas de esta diócesis que lo recibieron con gran algarabía en la Catedral de Morelia.

Al llegar a la Catedral, fue recibido por autoridades religiosas, a quienes saludó antes de entrar al templo dedicado a la Transfiguración del Señor, donde también están presentes un grupo de menores con alguna discapacidad, así como los 26 integrantes del famoso Coro de los Niños Cantores de Morelia.

El Papa depositó un ramo de flores ante la imagen de la Virgen de la Salud y otro ante las reliquias de dos niños, tras lo cual dirigió un breve mensaje a los 600 niños reunidos eN la Catedral de Morelia.

Enseguida saludó, bendijo y dio palmadas a varios pequeños enfermos, uno de los cuales lo abrazó con gran ternura, tras lo cual caminó por el pasillo central de la iglesia hacia las puertas de la Catedral mientras lo infantes no cesaban de gritar su nombre y cantar.

El Papa Francisco salió de la Catedral de Morelia en compañía del arzobispo de Morelia, cardenal Alberto Suárez Inda, y se detuvo en el atrio para escuchar a la orquesta y el Coro de Infantes de ese templo.

Al terminar la canción, se acercó para que le tomaran una fotografía con el coro, a cuyos integrantes les invitó a seguir siendo creativos, a buscar la belleza y “las cosas lindas que duran toda la vida y nunca se dejen pisotear por nadie”.

Enseguida les dio la bendición y les pidió que de vez en cuando le canten alguna “canción, aunque estén lejos”.

Tras abandonar dicho recinto, el jerarca realiza un recorrido por la capital michoacana a bordo del papamóvil hacia la sede del Arzobispado.

Según la agenda programada, a las 16:30 horas tendrá un encuentro con jóvenes en el estadio José María Morelos y Pavón. Al término del mismo, regresará a la ciudad de México, cuyo arribo se tiene programado a las 20 horas.

PEDIR PERDON

En San Cristóbal de las Casas, Chiapas, el papa Francisco hizo de su presencia una amplia reivindicación de los pueblos indígenas, de quienes, dijo, tenemos mucho que aprender. También llamó a pedirles perdón, y al término de la misa que ofició aquí entregó un decreto por el cual quedan formalmente autorizadas las ceremonias litúrgicas en lenguas indígenas. Con ello, y su posterior homenaje en silencio al Tatic Samuel Ruiz García ante su tumba en la catedral, la iglesia autóctona y la teología india reciben del Vaticano el reconocimiento que por años les fue negado.

Vuestros pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, sus culturas, sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminan, dijo ante millares de indígenas, en su mayoría del Pueblo Creyente. Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir perdón, perdón, hermanos. El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita a ustedes. En cierto modo, llamó a despertar, pues de muchas maneras han intentado anestesiarnos el alma para no sentir el dolor de la injusticia.

Dirigiéndose a la juventud indígena, el papa Prancisco (como pronuncian su nombre los tzotziles, que no tiene el sonido f en su lengua) la llamó a reconocer la dignidad de sus culturas, a que no se pierda la sabiduría de los ancianos. El mundo de hoy, añadió, presa del pragmatismo, necesita reaprender el valor de la gratuidad. Hay un anhelo de vivir en libertad que tiene sabor a tierra prometida, donde la opresión, el maltrato y la desigualdad no sean moneda corriente.

Sin ambigüedades, con un breve salmo bíblico en tzotzil y una mención explícita al Popol Vuh, el papa Bergoglio ofició una misa de dos horas conjuntamente con diáconos y seminaristas indígenas de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas, dando las lecturas litúrgicas y los cantos en sus lenguas. ¿El tzotzil como nuevo latín, inaccesible a la también numerosa feligresía no indígena, pero cercano a la gente en sus comunidades? Recordemos que el catolicismo indígena en Chiapas es rural.

Otro pronunciamiento central del papa fue respecto a la violencia y la injusticia que han provocado una de las mayores crisis ambientales de la historia, algo también ligado a los derechos de los pueblos originarios.

Aunque sin la espectacularidad que tuvo su encuentro con los indígenas de Bolivia, su visita a los Altos resultó, dentro de lo posible, un logrado encuentro con los pueblos mayas del sureste mexicano. Lejos ciertamente de su desencuentro con los pueblos nativos de Estados Unidos a su paso por Washington meses atrás, donde canonizó al misionero Junípero Serra, considerado por los indios un genocida y un agente del despojo.

En el Centro Deportivo Municipal convertido en arena sagrada y prácticamente lleno, la presencia de tzeltales, tzotziles, choles, tojolabales y marginalmente mam y kaqchiqueles es elocuente. Muchos esperaron desde las dos o tres de la mañana; los hubo que apenas seis horas después empezaron a moverse en la cola de ingreso al campo para la misa, mas sin perder el ánimo. No se percibe un ambiente de fanatismo ni de adoración supersticiosa. Sí de alegría. Los zinacantecos, y particularmente las zinacantecas, se dejaron venir por millares, no sólo a la misa; muchos se apostaron desde temprano en el bulevar y la abarrotada avenida Insurgentes, tras de las vallas de hierro; reconocibles y vistosos con sus ropajes bordados en morados y rosas. En cambio los chamulas, los otros vecinos tzotziles de San Cristóbal, casi brillan por su ausencia, siendo quizás la población mayoritaria de esta ciudad y sus alrededores. Sucede que ellos no suelen reconocerse como católicos. Unos en su tierra originaria, a 15 kilómetros de aquí, practican la religión tradicional; otros, en San Cristóbal, hijos del éxodo por persecución religiosa, son protestantes y el Papa les da igual.

Escuchar el Levítico leído en chol por una mujer, o los cantos del coro de Acteal, ampliado; observar la escenografía, la monumental reproducción en bastidores de madera de la fachada de la catedral, la presencia del Cristo Negro de Tila, y al frente palomas coloridas de Amatenango y jaguares de barro que a la distancia parecen perros guardianes. En lo simbólico y en lo real, el acento indígena es inevitable. Tanto que hasta Coca Cola colocó saludos al Papa en (mal) tzotzil. Los contingentes de San Andrés, Chenalhó, Huixtán y El Bosque son grandes. También los que llegaron de distintos puntos de la selva Lacandona. Pero también los hay de Cancuc, Chilón, Las Margaritas, Altamirano, Oxchuc, Tila, Palenque, Chalchihuitán, Simojovel.

Como un Cid Campeador, el Tatic Samuel ganó batallas eclesiásticas. Hasta su marimba predilecta, Las Hermanas Díaz, fue la que armonizó la misa, además de una banda mixe y un megamariachi local.

El mensaje papal de pedir perdón a los indígenas dio en el blanco. Una señora coleta reaccionó ante un televisor callejero al escuchar a Francisco: ¿O sea que le tengo que pedir perdón al señor del mercado, que es tan grosero conmigo?


 
 

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