La Gaceta Metropolitana 
 
 
 
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Megamarcha al Zócalo es opacada por violencia de encapuchados

 

Al término del mitin en el Zócalo, al que asistieron más de 30 mil personas exigiendo justicia para los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, un grupo de encapuchados lanzaron piedras, bombas molotov y cohetones contra los granaderos, quienes resguardaron el Palacio Nacional .

Durante mas de una hora cientos de jóvenes gritaron “fuera Peña” y lanzaron botellas de agua, basura y bombas molotov hacia las puertas de Palacio Nacional que estaban resguardas por elementos del Estado Mayor Presidencial (EMP).

En respuesta, entraron por la calle de Corregidora cientos de granaderos y lanzaron gases arremetiendo contra la gente desalojando el Zócalo que aun estaba ocupado en una buena parte de la plancha.

En medio de los gases lacrimógenos los policías arrojaron objetos contra la gente ocasionando algunos heridos, entre ellos, el fotógrafo de Proceso Eduardo Miranda, quien fue lesionado en una pierna.

  • LA MOVILIZACION

Precedida por los peores augurios de violencia y miedo, que tuvo en Enrique Peña Nieto a uno de sus instigadores, la de hoy fue una marcha gigantesca, vigorosa y festiva aun en el luto y la indignación por los crímenes contra los normalistas de Ayotzinapa, entraña de la movilización de alcance planetario.

La movilización tuvo dos cualidades: una fue que los contingentes estaban poblados de jóvenes, casi niños, y aun niños, nacidos en el apogeo del neoliberalismo que sepultó la Revolución Mexicana –que hoy conmemoró su 104 aniversario sin desfile–, y otra fue que aisló, neutralizó y repudió a los provocadores.

Pero la contención duró sólo hasta la finalización de la jornada, porque los provocadores cumplieron, otra vez, su cometido: Volvieron a desvirtuar una movilización que, además de la exigencia de que aparezcan con vida los 43 normalistas, tuvo un imperativo: “¡Peña, renuncia!”

Otra vez los embozados que, cuando ya había concluido el mitin y los familiares de los normalistas desaparecidos se habían replegado frente a la Catedral, intensificaron su acción, que desembocó, una vez más, en represión generalizada e indiscriminada.

Tras el choque del mediodía, en las inmediaciones del aeropuerto capitalino, el ambiente se hizo aún más denso. Las avenidas principales se vaciaron de vehículos cuando se aproximaba la hora de la tres marchas que convergieron en el Zócalo.

La siembra del temor fracasó. Miles y miles de ciudadanos fueron llegando al Ángel de la Independencia, al monumento a la Revolución y a la Plaza de las Tres Culturas.

Pasadas las cinco de la tarde, el Paseo de la Reforma se preñó de contingentes que, en orden, avanzaron hasta avenida Juárez, 5 de Mayo y hasta el Zócalo, pletórico.

  • DOS GENERACIONES SE UNIERON

Una vez más, desde que desaparecieron los 43 jóvenes de la normal de Ayotzinapa, el viernes 26 de septiembre, los juveniles manifestantes se unieron a veteranos de las marchas, hombres calvos, canosos, barrigones.

Unos y otros hermanados en viejos ritos de la izquierda, sobre todo las mismas consignas revolucionarias de los sesenta, sólo que ahora eran contra los criminales y el Estado, Peña en particular.

“Peña, renuncia”, fue el imperativo a lo largo de la marcha que exhibió la creatividad de los participantes en todo tipo de pancartas, hechas de cartulinas, hojas carta, cajas de huevo o de zapatos.

“¿Qué cosecha el país que siembra cadáveres?”, pregunta una joven que sostiene, seria, el letrero. “¿Por qué asesinan la esperanza de América Latina?”, se lee en otra.

“Por 43 despertaron miles”, reivindica una señora con la bolsa del mandado, sentada sobre la banqueta de avenida Juárez. “Somos más nosotros”, dice, con firmeza, una manta colgada en un balcón de 5 de Mayo.

Otra joven porta con dignidad un mensaje sobrecogedor: “Mamá, salí a defender mi patria. Si no regreso, me fui con ella”.

Los manifestantes soportan el frío y la leve llovizna de este 20 de noviembre sombrío, acosados también por los augurios de violencia desde el gobierno y desde la provocación que suele tomar todas las formas posibles, hasta de revolucionarios.

Eso fue lo que ocurrió cuando estaba en curso el mitin en el Zócalo: un grupo de no más de diez mozalbetes se aproximó a las vallas instaladas en derredor del Palacio Nacional, detrás de las cuales había una fila de militares custodiando el edificio.

La acometida no tuvo éxito. Otros jóvenes y un hombre mayor los hicieron desistir. “Compañeros, que no se desvirtué nuestro movimiento”. Desde el templete también se llamaba a aislar a los embozados. “Son provocadores”.

Los embozados se dispersaron, aunque luego reaparecieron trepados en las vallas, cubiertas sus cabezas con capuchas de sus sudaderas. Lanzaban insultos a los militares.

Cuando el mitin concluía, un grupo de cinco muchachos, con cachuchas que tenían una estrella roja al frente, hicieron bolita para hurgar en sus mochilas. No extrajeron nada al saberse observados. Y se dispersaron rápidamente.

Pero para entonces, casi las 20:00 horas, ya proliferaban los embozados que lanzaban proyectiles contra los militares, mientras estaban en formación más de 500 policías federales en la calle de Corregidora.

Al menos dos sujetos, con corte de pelo militar, incitaban a gritar y lanzar objetos hacia el Palacio Nacional. Estaban ostensiblemente ebrios. Otros, ya con los rostros cubiertos, tomaban formación.

“¡Infiltrados, infiltrados! “, gritaba la mayoría de los asistentes que, sin embargo, no se alejó de la muchedumbre en que se confundían manifestantes pacíficos, provocadores y periodistas.

Finalmente, el grupo provocador tuvo éxito: Enardeció a los militares y a los granaderos federales y del gobierno de Miguel Mancera, que acometieron contra quienes encontraron.

 
 

Libres los 15 jóvenes detenidos por incendio en el Zócalo


 
Procuraduría General de la República (PGR) liberó a los 15 jóvenes que permanecían detenidos y declarando en las instalaciones de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (Seido) por el incendio a la puerta principal de Palacio Nacional el pasado sábado 8 de noviembre.

Durante la madrugada fueron saliendo cada uno de los 15 detenidos debido a que no existían pruebas contundentes que acreditaran su participación o colaboración con los actos de vandalismo.

Desde la tarde de ayer, familiares, abogados y amigos de los jóvenes que habían sido puestos a disposición de la Seido (en total estuvieron el Ministerio Público 18 personas) se manifestaron frente a las instalaciones de la PGR para exigir la inmediata libertad de sus parientes.

Hasta el momento la PGR no ha hecho pronunciamiento oficial sobre los nombres y motivos de la libertad de las 18 personas.

Tanto los familiares de los detenidos como los propios jóvenes al salir de las instalaciones de la Seido aseguraron que fueron ilegalmente detenidos e incluso algunos de ellos manifestaron que recibieron violencia física de parte de los agentes aprehensores.

  • LOS HECHOS

Unos veinte manifestantes encapuchados derribaron este sábado 8 de noviembre por la noche las vallas de seguridad de los alrededores del Palacio Nacional, sede del Ejecutivo mexicano, y prendieron fuego a la puerta principal del histórico edificio, según constató Efe.

Los disturbios se registraron al finalizar una multitudinaria marcha que había partido desde la instalaciones de la Procuraduría General de la República (PGR, fiscalía) hasta el Zócalo de la capital mexicana para exigir el retorno con vida de los 43 estudiantes desaparecidos en septiembre.

Al final del recorrido, miles de manifestantes se tiraron al piso de la gran plaza central de la capital mexicana, simulando haber sido asesinados, y fueron leídos uno a uno los nombres de jóvenes desaparecidos a manos de policías y criminales el 26 de septiembre pasado en Iguala, en el sureño estado de Guerrero.

Una vez que los organizadores invitaron a todos a retirarse, un grupo se dirigió al Palacio Nacional, tiró las vallas de seguridad e intentó derribar la puerta principal con las estructuras metálicas.

A continuación lanzaron todo tipo de objetos, incluidas bombas caseras, si bien el fuego fue apagado por un sistema automático contra incendios del edificio, construido entre 1522 y 1526.

Un grupo antidisturbios de la Policía Federal y agentes del Estado Mayor Presidencial respondieron a estas acciones y dispersaron a los encapuchados.

Durante la marcha, miles de manifestantes, desde estudiantes hasta ancianos y padres de familia, exigieron la vuelta con vida de los desaparecidos, castigo a los culpables, y apoyo para las familias de los estudiantes y los centros de enseñanza de magisterio a los que acuden jóvenes de escasos recursos.

"Vivos se los llevaron, vivos los queremos", repitieron durante el recorrido, en el que también pidieron justicia y no más muertes ni desaparecidos en un país donde se cuentan por miles.

Los manifestantes también guardaron un minuto de silencio por los 43 alumnos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, un día después de que la fiscalía informara que fueron asesinados y quemados, hasta que solo quedaron cenizas, por miembros del cártel Guerreros Unidos, según el testimonio de tres de los 74 detenidos en este caso.

Ni sus compañeros, ni los familiares de los jóvenes, ni gran parte de la sociedad mexicana acaba de creerse esta explicación al caso y exigen pruebas, entre ellas la identificación de los restos óseos, dientes y cenizas halladas en una de las ocho bolsas lanzadas a un río por los criminales para eliminar todo rastro de ellos.

"Seguimos en la insistencia de que si no hay pruebas fehacientes, de verdad no podemos creerles", dijo hoy a Efe Felipe de la Cruz, representante de los familiares.

En Chilpancingo, la capital de Guerrero, un grupo de estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, acompañados por miembros de otras escuelas, llegaron en varios autobuses al Palacio de Gobierno y lanzaron piedras y cócteles molotov.

Además, incendiaron varios vehículos que se encontraban aparcados dentro de los edificios, así como una patrulla policial y varias camionetas que estaban en su poder desde días antes.


 
 

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